El ejército de las 4 A.M.

Hace un par de meses leí un artículo titulado “El ejército de las 4 A.M.” (The 4 A.M. Army) publicado por la revista TIME donde se describe cómo cada mañana, cientos de miles de trabajadores se aparecen en agencias de empleo buscando trabajos que nadie ve, trabajos mal pagados pero que son esenciales para la economía.

Mientras leía este artículo recordé que mis padres hicieron este tipo de trabajo por años. Cada mañana era la misma rutina. Despertar a las 4 de la mañana para ir a la oficina de empleo y sentarse a esperar que su nombre fuera llamado, y fueran enviados al mismo empleo que el día anterior.

Algunos días, mi padre regresaba feliz al final del día por haber trabajado un día completo. Otros días regresaba como a eso de las 9:00 a.m., después de  haber esperado 5 horas para darse cuenta que su trabajo no era requerido ese día. Él, como cientos de miles de padres de familia, abuelos, hermanos, hijos e hijas era sólo un instrumento para los empleadores y agencias de empleo. Lo usaban cuando lo necesitaban y cuando no, lo descartaban.

La mayoría de las personas no ve a la multitud de gente, en su mayoría inmigrantes hispanos,  desfilando a estas agencias de trabajo para recoger las sobras, los trabajos que nadie desea, los trabajos mal pagados que mantienen la economía de Estados Unidos.

Pero la verdad es que estos trabajadores  no son anónimos o un número más en la lista, son nuestras familias, hermanos, padres, somos nosotros. Nuestra comunidad es un reflejo de nosotros mismos, y nosotros somos el reflejo de nuestra comunidad.

También es verdad que la mayoría de estos honestos trabajadores son primera generación de inmigrantes cuya meta primordial es trabajar para dar a sus hijos una mejor vida. Y Nosotros somos esos hijos por los que ellos se sacrifican tanto.

Ahora es el momento de los hijos del ejército de las 4:00 AM, de valorar y reflexionar el sacrificio de nuestros padres. No podemos deshacer lo que ellos han hecho por nosotros, ni tampoco lo queremos, pero podemos demostrarles que sus sacrificios no son en vano, y podemos hacerlo comprometiéndonos con nuestra educación a la excelencia académica y por un futuro mejor, no sólo para nosotros, sino por ellos.

La mayoría de las veces, nuestro éxito no es lo que quiere decir para nosotros, sino lo que significa para aquellos que nos rodean y nos quieren ver progresar.

Así que si tenemos instrucción académica, debemos valorarla y celebrarla con satisfacción.  Debemos mostrar al mundo que los sacrificios de nuestra comunidad nos importan. Si estamos en el proceso de adquirir nuestra educación, esta realidad nos debería dar ánimo para continuar y lograr nuestras metas. Al final del día, nuestra comunidad y sus desafíos son un reflejo de nosotros mismos y nosotros un reflejo de éstos. No olvidemos de dónde venimos, al contrario, ¡dejemos que la senda que nuestros padres han marcado para nosotros nos muestre el camino!

 

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