Algunos de nosotros tenemos una cierta tendencia a entrar en cosas sin calcular lo que nos van a costar, no sólo materialmente, sino en términos de energía y tiempo. Y luego, claro, a veces quedamos mal. Otros, sin embargo, son tan cuidadosos, que nunca acaban de decidirse a pasar a la acción, calculando y calculando. Hoy Jesús nos lanza un desafío: hay que arriesgarse sin calcular el costo…pero con muchísima claridad sobre lo que se arriesga, que es la propia vida. Porque sólo entonces se alcanza la verdadera vida.