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Optar por la paz

Un soldado ve su conducta en Irak contraria a su fe

Camilo Mejía sirvió en Irak en 2003 como sargento de compañía en la Guardia Nacional de Florida y es el primer veterano de la guerra de Irak en buscar el status de objetor de conciencia. Mejía pasó un año en la cárcel por deserción, pero en esa prisión militar, nació un verdadero líder y un hombre de Dios. Hoy día, es presidente de la junta de directores de veteranos de Irak contra la guerra y autor de Camino desde Ar Ramadi: la rebelión privada del Sargento de Compañía Camilo Mejía.

Carlos MejíaAntes de ir a Irak, la fe de Mejía era sólo teórica. Había recibido una buena educación jesuita en Nicaragua y Costa Rica, pero no se tomaba la fe muy en serio. En Irak empezó a rezar. Al principio, Mejía dice que era una fe egoísta que le pedía a Dios que lo guardara a salvo, o le agradecía a Dios el haber podido regresar de una misión con el cuerpo intacto, o que no había tenido que matar a nadie ese día. “Le pedía a Dios que me dejara ver a mi hija y a mi familia al menos una vez más. Luego empecé a pedir por mis soldados y por sus familias, y luego por todos los que estaban atrapados en esta guerra y por las familias de los resistentes que estaban muriendo. Al final, pedía el fin de toda guerra”.
   
En lo que se suponía que fuera un permiso de dos semanas en octubre de 2003, la gente le preguntaba a Mejía por sus experiencias de guerra. Mejía escribe, “El responder me transportaba de vuelta a todos los horrores que había presenciado—los tiroteos, las emboscadas, la vez en que vi a un joven iraquí arrastrado por los hombros en un charco de su propia sangre, o un hombre inocente que había sido decapitado por nuestras ametralladoras. Recuerdo un soldado que se vino abajo porque había matado a un niño, y un anciano de rodillas, llorando con los brazos levantados al cielo, quizá preguntándole a Dios por qué habíamos matado a su hijo”.

Al principio Mejía dice que le daba miedo tomar postura pero por último se dio cuenta de que obedecer su conciencia era incompatible con su papel en el ejército, y decidió que no podía regresar a Irak.
   
“No llegué a esa decisión por razones puramente religiosas, pero éstas jugaron un papel importante. Estaba muy relacionada con mi fe redescubierta, mi visión de la interconexión de todos los seres humanos, y lo que me habían enseñado los jesuitas sobre seguir las huellas de Jesús y aplicar la fe todos los días al modo en que vivimos en este mundo.
   
Antes, tenía miedo de perder mi libertad. Pero cuando me vi tras las rejas, me di cuenta de que a pesar de mi confinamiento, estaba libre de modos muy importantes. ¿De qué sirve la libertad si tenemos miedo de seguir la voz de Dios?”

Tu turno
¿Alguna vez has entrado en conflicto contigo mismo porque tu conciencia te dictaba algo distinto que los demás y la sociedad?

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