Primero Jesús
El camino vocacional de un obispo
Por Gustavo García Siller, M.Sp.S
Siempre he podido amar al Señor gracias al amor que recibí de mis padres y mis 14 hermanos. Con su propio testimonio de fe y su vida de oración, mis padres fueron importantísimos para el desarrollo de mi fe. Las hermanas que me enseñaron y otras personas que me prepararon para la Primera Comunión, me inspiraron una profunda sed de Jesús. Mi tío, que era seminarista en aquel tiempo, y mi párroco fueron grandes ejemplos para mi vocación. Su presencia en mi vida era un reflejo de la belleza del sacerdocio. Yo quería ser sacerdote como mi párroco. Todas estas personas de fe me llenaron de una profunda pasión por Jesucristo. Me sentí especialmente atraído hacia la Eucaristía.
Mi relación con Jesús creció a través de los años y fui considerando el servicio a los demás cada vez más prioritario. Todos los fines de semana, desde que tenía 11 años y hasta los 16, los misioneros del Espíritu Santo me invitaban a servir a los pobres de diversas maneras en la ciudad de San Luis Potosí. Al ver el estilo de vida de los misioneros del Espíritu Santo, yo deseé vivir como ellos. A los 16 años fui a la ciudad de México a entrar en el noviciado. Algo que decían en sus folletos de promoción vocacional me tocó: “Pertenecer a Dios para pertenecer a todos los pueblos. Primero Jesús, que nos lleva a los demás.”
Al ser de San Luis Potosí, no me imaginé que iba a llegar tan al norte. Es todo parte del plan de Dios. Antes de mi nombramiento por parte de Juan Pablo II como auxiliar de Chicago, yo vivía mi vida religiosa dentro de la Congregación de Misioneros del Espíritu Santo. Pasé la mayor parte de mi vida sacerdotal en la costa Oeste de Estados Unidos. Mi Orden me envió a trabajar con los migrantes en California en 1980, cuatro años antes de mi Ordenación. Cuando estudiaba en el Seminario Saint John en Camarillo, California, mi amor por Jesús se fue haciendo más hondo y se arraigó en mi corazón un mayor deseo de llevar a Cristo a todo el mundo.
Con el paso de los años, sigo teniendo un gran sentido de mis limitaciones, pero incluso ahí, mi camino de fe me recuerda suavemente las palabras poderosas de la Escritura: “No me eligieron ustedes a mí. Fui yo quien los eligió a ustedes.” Así que creo y sigo permaneciendo comprometido a largos tiempos de oración diaria con Jesús ante el Santísimo Sacramento. Mi relación con Dios sostiene, da vida y me da vigor de tal manera que quiero compartir su amor con los demás.
(Impreso con permiso de la Universidad de Santa María del Lago/Seminario Mundelein, Rev. Dennis J. Lyle, Rector, Presidente.)
Tu turno
¿Qué te inspira más profundamente? ¿Alguna vez te has sentido tan conmovido con el ejemplo de otros que has decidido seguir la llamada de Dios? ¿Te sientes atraído a servir a los demás? ¿Cuánto tiempo le dedicas a la oración cada día?
- Inicie sesión para enviar comentarios
- Enviar esta página
- In English





