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Nuestro Hombre en Roma

Miguel Díaz, Embajador de Estados Unidos en el Vaticano

Por Alicia Marill Miguel Diaz

El Abad de Saint John’s University, donde Miguel Díaz es profesor, lo describe como un hombre de pasión. El Abad John Klassen habla de su manera de ejercer su profesión, pero seguramente esa pasión se extiende a las demás áreas de su vida. Un hombre cálido, querido y estimado por sus colegas teólogos hispanos, Miguel Díaz es el actual embajador de Estados Unidos ante el Vaticano. Un hombre modesto y sencillo, se sintió sorprendido cuando el pasado junio el Presidente Obama hizo el nombramiento.
Aún joven, casado y con cuatro hijos, nativo de La Habana, Cuba, Miguel no ha tenido una vida fácil. Recién exiliados de Cuba, no tenían muchos medios para mantener a la familia, pero lucharon por proporcionar una buena educación a su hijo. Evidentemente, sus esfuerzos han tenido un buen fruto. El primero en graduarse de universidad en su familia, Miguel recibió su título de bachelors de la Universidad de Santo Tomás en Miami y su maestría y doctorado de Notre Dame, en Indiana. Enseñó en Barry University en Miami y en el Seminario de San Vicente de Paúl y en la Universidad de Dayton en Ohio y en Notre Dame. Habla inglés, español, italiano y francés.
Como sus compañeros teólogos latinos, Miguel siempre ha visto su profesión como una necesaria combinación de rigor académico e intelectual, y una espiritualidad de acompañamiento del pueblo.
Así que recibió el nombramiento como embajador con ilusión, no sólo por sí mismo, sino por el nombre y el papel que tal nombramiento concede a la comunidad hispana católica en Estados Unidos. Para un pueblo a quien, a pesar de su número y de sus aportaciones a la teología, la espiritualidad y la vida de la iglesia en este país, aún le cuesta ser reconocido como algo más que una curiosa y festiva minoría estereotípicamente pobre, el reconocimiento de Miguel va mucho más allá de un nombramiento personal y afirma su nueva etapa de protagonismo en la iglesia y en la sociedad.
Así lo ve él y así lo ven sus compañeros teólogos de la Asociación de Teólogos Católicos Hispanos en Estados Unidos, una vibrante y relativamente organización que está ofreciendo valiosísimas contribuciones al pensamiento teológico en este país con una profunda reflexión sobre la realidad de fe de la comunidad hispana y el diálogo entre las raíces de esta cultura y la elaboración teológica actual.
El trabajo de Miguel se enmarca en esa línea teológica de encarnación en la sabiduría y tradición del pueblo. Supone la lucha por la liberación, a la vez que el respeto por la dignidad de la persona y de la cultura. Supone, como dice Miguel mismo, el acompañamiento de un pueblo que camina.
Tu turno
¿Piensas que la teología puede ser aburrida y, en último término, de poco servicio a las personas reales? ¿Te ofrece la historia de Miguel alguna pista distinta sobre esto? ¿Has pensado alguna vez en la posibilidad de estudiar teología como vocación y servicio?


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