Nuestra Peregrinación
 

El 10 de julio, varios de mis hermanos religiosos y yo hicimos un peregrinaje a Aix-en-Provence en el sur de Francia. Fue una experiencia que nunca olvidaré. Hermanos de 11 países diferentes nos dieron la bienvenida.  El propósito de este viaje fue redescubrir nuestras raíces, donde comenzamos como misioneros, conocer mejor a nuestro fundador San Eugenio deMazenod y tener un conocimiento más profundo de nuestra espiritualidad Oblata. Fue una bendición para los que nos preparamos para hacer nuestros votos perpetuos, 21 hombres en total.  

 Después de Aix  viajamos a Lourdes, el lugar donde una pequeña y humilde niña fue bendecida con las apariciones de nuestra madre María. Fuimos a Lourdes a trabajar, dimos tours en los santuarios y los lugares donde estuvo Bernardita. Asistimos a los peregrinos en la Villa de la Juventud. Fuimos a misa en varios lugares como, The Grotto, The Crypt Church, una casa de ex adictos y una basílica subterránea que albergó a más 25,000 personas de alrededor del mundo. Después asistimos a los peregrinos en los baños de sanación.  Oramos con ellos y por ellos y, le dimos gracias a Dios por darnos el privilegio de estar ahí. Ayudamos a algunos peregrinos que tenían que subirse a camillas antes de tomar los baños de sanación. Este momento fue muy importante para mí, me sentí muy agradecido con Dios y muy bendecido de tener la oportunidad de compartir este momento sagrado en la vida de estas personas. Y aquí encontré respuesta a muchas de mis preguntas. Traté de ver con los ojos de nuestro salvador a cada una de las personas que entraban al agua. Mi corazón fue testigo de la gran fe de estas personas y ese testimonio de fe incrementó mi fe diez veces más.

 Mientras me acerco más a mis votos perpetuos escucho más y más las palabras de nuestro fundador: Primero enseñamos a la gente que son humanos –hijos de Dios, después les enseñamos lo que es ser cristianos y finalmente les ayudamos a ser santos. Hoy en día muchas personas son tratadas como si no tuvieran humanidad, como si fueran alguna clase de objeto que se puede usar y desechar. ¿Cómo podemos acercarnos a estas personas, amarlas y enseñarlas? Tal vez tú tengas la respuesta.

 ¿De qué manera ves tú al mundo? ¿Cómo ves a la gente? Nosotros, como oblatos vemos a las personas por los ojos de nuestro salvador – Jesucristo. San Eugenio conocía el poder de Cristo y tuvo una experiencia única que le permitió conocer a Jesús como salvador de la humanidad. ¿Sabemos estos? ¿Nos damos cuenta lo que significa haber sido salvados por los actos de Jesucristo? ¡Este es un gran regalo! Un regalo de amor.

 Tú también eres parte de este regalo de amor, ten la confianza de acercarte a Jesús en cualquier momento.  Cuando lo necesites, puedes pedirle perdón, si así lo sientes; dale gracias todo el tiempo, alábalo y enséñale a otros que ellos también son hijos de Dios. Enséñales lo que significa ser cristianos con tus acciones y de esta manera ayudarás a otros a ser santos. Ten fe y lo lograrás.

 

Alabado sea Jesucristo.

 

 

 

 

 
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