La tradición de la Iglesia está marcada por el ritmo de la historia. Al comienzo hubo diaconizas y ahora no las hay. ¿Las habrá de nuevo? No lo sabemos, pero muchos cristianos que creen que es necesario un papel más protagónico de la mujer en las estructuras de la Iglesia, lo están esperando. Por ahora podemos decir que todos nosotros, mujeres y hombres, como lo dice san Pedro en una de sus cartas, somos piedras vivas de este edificio que es la Iglesia y estamos llamados a hacer lo mejor en la COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN para que la Iglesia cumpla su misión de hacer presente en el mundo el Reino de Dios convirtiéndose en un signo vivo de este reino para el mundo. La Iglesia está llamada a responder a los nuevos desafíos de hoy con la fuerza del Espíritu, confiamos que este Espíritu nos seguirá mostrando que nuevas estructuras y que nuevas acciones pastorales son necesarias en este nuevo milenio.