P: Pienso que todo el mundo es más inteligente y tiene más cualidades que yo. Me siento inferior, incapaz de hacer cosas importantes. ¿Por qué otras personas no se sienten así?
R: Todos tenemos una imagen mental de quiénes somos, qué aspecto lucimos, en qué somos buenos y malos. Nos formamos esa imagen a lo largo del tiempo, empezando en la infancia. El término autoimagen se utiliza para referirse a la imagen mental que una persona tiene de sí misma. Gran parte de nuestra autoimagen se basa en nuestras relaciones con otras personas y nuestras experiencias de vida. Nuestra autoimagen contribuye a nuestra autoestima.
La autoestima depende de en qué medida nos sentimos valorados, amados y aceptados por otros y en qué medida nos amamos, valoramos y aceptamos a nosotros mismos. Las personas con una autoestima saludable se sienten bien consigo mismas, valoran su propia valía y están orgullosas de sus capacidades, habilidades y logros. Las personas con baja autoestima sienten que no gustarán a nadie, que nadie los aceptará o que no son buenos en nada.
Todos tenemos problemas con nuestra autoestima en determinados momentos de la vida principalmente durante la adolescencia, cuando estamos descubriendo quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo. Es importante recordar que, como la imagen que tenemos de nosotros mismos va cambiando a lo largo del tiempo, la autoestima no es algo inamovible ni fijo de por vida. Así que, si sientes que tu autoestima no es todo lo alta que debería ser, puedes mejorarla.
Todos tenemos las mismas capacidades la diferencia radica en el desarrollo de nuestras capacidades, además que debemos entender que somos únicos, creados por un ser perfecto, a su imagen y semejanza, por lo que estamos llamados a ser perfectos, perfectos en amor, en humildad, en el servicio. La inteligencia no es grabarse muchos ejercicios de matemáticas o física o química o anatomía, sino es tener la capacidad correcta de tomar decisiones acertadas en el transcurrir de tu vida. Para eso tienes el apoyo total del Espíritu Santo solo pide su guía.