Los niños son víctimas aun cuando no son el objeto directo del abuso físico. Esos niños que presencian la violencia pueden ser afectados emocionalmente psicológicamente y hasta físicamente. Ellos pueden sentir ansiedad, depresión, alteraciones del sueño (pesadillas, insomnio, etc.) y temor.
Los niños que presencian la violencia, demuestran distintos desequilibrios mentales en su comportamiento como la distracción, baja autoestima, pesadillas, sentido de culpabilidad y agresión contra sus compañeros, miembros de su familia y propiedad ajena.
Los niños son especialmente vulnerables a ser traumatizados por la violencia porque ellos se sienten indefensos para prevenirla. Los niños aprenden a comportarse de la conducta que ellos ven en sus padres, hermanos y otros adultos.