El otro día estaba platicando con una amiga, a quien llamaré Carla para el propósito de esta historia. Ella siempre está envuelta en actividades de justicia social, toda una campeona en iniciativas de inmigración y un modelo a seguir.

Cuando platicábamos, le pregunté cómo fue su experiencia al crecer como inmigrante o hija de padres inmigrantes en este país. Me comentó de su primer día en la escuela primaria y lo aterrador que fue.

Estaba en un salón de clases lleno de caras nuevas. Recuerda que el lugar estaba decorado con fotos grandes y muy coloridas de animales y frutas, el alfabeto en letras grandes y, los números del uno al diez. Al mirar a su alrededor se sintió atemorizada de verse tan diferente a los demás. Su color de piel y cabello eran diferentes, y notó que la ropa que su mamá le había escogido para ese día no era igual que el uniforme que las otras niñas vestían. Las otras niñas se vestían mucho mejor que ella y sintió envidia. Quería ser más como ellas y menos parecida a sus hermanos, con su origen inmigrante y cultural.

Carla creció enfrentando dificultades y retos con las muchas demandas de esa nueva vida bi-cultural. Por un lado su familia tenía valores, tradiciones y celebraciones muy diferentes a las que ella estaba aprendiendo en la escuela y de sus amigos. Sus padres tenían expectativas para ella que eran diferentes a las de sus amigos, mientras que la sociedad en la que crecía exigía cosas de ella que eran totalmente contradictorias a esos valores que eran tan importantes para su familia.

Al madurar con el paso del tiempo, y al experimentar su vida como Latina bi-cultural, aprendió a valorar su cultura y valores familiares, que fueron esenciales para ayudarle a alcanzar sus metas educativas, y que ahora son parte de ella. También aprendió a aprovechar todas las cosas buenas que este país tiene que ofrecer a la gente joven que como ella trabajan muy duro para alcanzar sus metas.

Ciertamente esta historia es una entre millones, y cada uno de nosotros enfrenta los retos de maneras distintas. ¿Qué significa para ti vivir bi-culturalmente en Estados Unidos? ¿De qué manera han influenciado tu cultura y tus valores familiares la forma en que vives tu vida como un joven Latino o Latina en esta sociedad? ¿Tu historia es similar a la de Carla o crees que historias como esta ya son cosa del pasado?

Una de las cosas que saqué de mi plática con Carla, y algo que valoro personalmente, es el hecho de que los jóvenes Hispanos que viven en Estados Unidos aportan y comparten una gran riqueza y diversidad con este gran país. Porque no sólo son bilingües, que es ya una gran ventaja y bendición, pero son bi-culturales, algo que les permite sobresalir y ver el mundo de una dimensión que muchos no comparten. 

Espero que como Carla, hayas aceptado tu identidad y hayas descubierto lo que es importante en tu vida. Cuéntanos tu experiencia creciendo en un mundo bi-cultural.

 

 
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