La violencia por motivos religiosos es la contradicción más profunda de la religión. Matar en nombre de Dios es negar a Dios y sus deseo sobre nosotros los humanos. Uno de los motivos de la guerra por motivos religiosos es lo que se ha llamado etnocentrismo… se trata de una tendencia que tenemos los humanos a pensar que nosotros somos los portadores de la verdad y que esta verdad nos pertenece exclusivamente y que esta verdad debe ser impuesta por la fuerza a quienes no la desean recibir pacíficamente. El Concilio Vaticano Segundo nos ayudó a los católicos a superar esta tendencia cuando desarrolló la teología de las SEMILLAS DEL VERBO y nos explicó que hay semillas de Cristo (semillas de verdad) en todas las culturas y religiones del mundo. Todas las religiones son distintas y tienen luces y sombras ya que están marcadas por la debilidad humana. Las religiones están llamadas a colaborar y dialogar entre sí en la más importante meta de toda religión: LA HUMANIZACION DEL MUNDO. Para que esto suceda debemos acabar con el fanatismo religioso y aprender a vivir en ambientes marcados por la pluralidad religiosa, cultural, política y racial. Todas las religiones deben entender que aquel a quien Dios ama en primer lugar es la persona humana y desde esta convicción comprometerse en la preservación y defensa de la vida con todas sus fuerzas y convicción.