Los católicos somos atacados frecuentemente por nuestra creencia en La Virgen de Guadalupe, de la cual se dicen muchas cosas, como que fue inventada por la colonización española de los indígenas, que la pintaron en la tilma, etc.
De una u otra manera hoy en día, se sabe que un ayate como el de la Virgen no dura 100 años y ella lleva casi 500 años, que la pintura no está sobre el ayate sino “flotando” sobre él. Que en sus ojos se refleja el momento exacto en que le entrega las rosas a Juan Diego y las estrellas de su manto son exactamente como se encontraban las estrellas en el cielo en ese momento.
La Virgen es nuestra mayor intercesora ante Dios, somos afortunados de tenerla y poder sentirla tan cerca de nosotros.
Ella es nuestra madre y nos protege con su manto, debemos saber que aunque digan que fue creada y pintada, la ciencia actual aun no puede saber con qué tipo de pintura fue hecha y no se pueden explicar por qué a más de 400 años el ayate aun está intacto y no muestra deterioro alguno.
La Virgen de Guadalupe quiso quedarse en Latinoamérica con nosotros, se dice en una leyenda urbana que el ayate es simplemente un espejo donde se refleja la Virgen para que nosotros podamos verla.
Y sea claro o no ella nos acompaña siempre en todo camino y acción de nuestras vidas, debemos apoyarnos en ella, es nuestra abogada ante Dios, como el ángel le dijo: “Bendita entre las mujeres”.
Hermanos no dejemos de lado lo afortunados que somos al tener a la Virgen con nosotros y demos gracias a Dios por permitirnos poder comunicarnos con ella.
Ella siempre está rogando por nosotros. Debemos rezar el rosario como nos lo pide y así mantener una comunicación plena con nuestra Reina la Virgen de Guadalupe.
Dios los bendiga siempre.