Pertenecemos a una cultura muy religiosa, en la cual nos inculcan costumbres y tradiciones religiosas desde que nacemos y, donde también nos muestran a un Dios perverso, castigador, y crecemos con frases como: “Si te portas mal Diosito te va a castigar” o “Si haces eso te vas a ir al infierno”…Y como sabemos toda acción tiene una reacción, así que cuando ya podemos analizar las cosas y nos dicen que debemos ir a misa, rezar, acudir a la escuela de Biblia, etc. Pensamos, “¿Para qué? si me van a castigar”, lo cierto es que Dios no es un Dios castigador, y debemos deshacernos de esa mala concepción.
No vamos a la iglesia por temor al castigo por todo lo malo que hemos hecho, y aunque existe la confesión, pensamos que con eso Dios se dará cuenta de cómo hemos fallado en nuestro comportamiento.
Acerquémonos a los grupos de jóvenes de nuestra iglesia para darnos cuenta que muchas de nuestras creencias del Dios castigador, terminaron con la cruz y ahora el pacto que el mismo Jesús nos ofrece es que nosotros también somos hijos de Dios y que tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su propio hijo.
Entremos en comunicación con Dios y como hemos dicho antes, el ayudar a nuestro prójimo y ahora el encontrarnos y participar en los grupos juveniles de la Iglesia nos servirá para darnos cuenta que Dios no es el que castiga sino que nos da muchas oportunidades de confesarnos y, redimir nuestros pecados.
Claro que somos humanos y hasta los santos de primer orden tuvieron tentaciones y fallaron pero seguían en la lucha y con la fe puesta de que podían hacerlo hasta llegar a la perfección.
Aunque caigamos nuevamente y posiblemente sintamos que la santidad no es para nosotros, debemos seguir. Recordemos que cuando aprendimos a andar en bicicleta nos caímos varias veces, pero seguimos intentándolo porque queríamos aprender. Del mismo modo debemos seguir y no perder la esperanza y algún día lo lograremos. Así que no esperemos más y vayamos al encuentro de Dios en la Iglesia de nuestra comunidad.
Que Dios los Bendiga siempre