Nuestro camino por esta vida es maravilloso. Soñamos con ser grandes personalidades, que todo el mundo nos conozca, ser famosos, tener dinero y planeamos el viajar. Soñamos con cómo será nuestra casa--seguro la envidia del barrio—y ¡claro!, seremos los mejores de todos.
Seguro que se puede, pero no le hemos preguntado a Dios qué quiere Él para nosotros. Cuando compramos un celular inmediatamente sacamos las instrucciones, ya que quién mejor que el fabricante nos puede enseñar cómo funciona para sacar el mejor provecho de nuestro aparato.
Entonces, ¿por qué no le preguntamos a Dios cómo funcionamos nosotros y qué quiere de nosotros? Quien fabricó el celular no lo hizo para nadar con él, así que tendríamos que preguntarnos para qué nos creó Dios. ¿Te has hecho alguna vez esa pregunta?
La finalidad de la vida claro que es ser feliz, por supuesto que es tener comodidades, pero sólo Dios nos puede revelar nuestro propósito en la vida. Es sencillo, como platicábamos: solamente acércate a Él y pregúntale como a un amigo; Él te responderá, no con palabras pero te darás cuenta de que está ahí.
Cuántas veces nos empeñamos en algo con toda nuestra alma. Decimos, por ejemplo “es que yo quiero ir al concierto del cantante de moda que viene a la ciudad”, y hacemos hasta lo imposible aunque no se da tan fácil el que tengamos los boletos, y hay tráfico y mucha gente y me desespero y ya quiero estar ahí. Cuando llegamos, me doy cuenta que No era lo que esperaba y que desaproveché mi dinero y mi tiempo. ¿No crees que posiblemente Dios puso un poco de obstáculos para que tu recapacitaras y no fueras a ese concierto porque no valía la pena?
O tal vez has oído algún caso de un accidente y que se salvó por segundos, no subió al avión o no fue al viaje porque perdió el camión por circunstancias tal vez comunes, se le olvidaron los boletos, se levantó tarde, etc. y se salvó de un accidente, ¿no sería Dios quien lo salvó?
Preguntémosle a Dios para qué nos creó, cuál es el propósito de vivir y verán que obtendremos grandes respuestas. Sólo aprendamos a escucharlas...
Que Dios los bendiga y los llene del Espíritu Santo.