En estos días vi un cortometraje donde se mencionó una frase que iba más o menos de la siguiente manera: “Cuanto más difícil sea la prueba, más grande será la gloria.” Me parece que, en efecto, el competir, el ser el mejor de la escuela es maravilloso. Si compites por el distrito y ganas es mejor, pero es incluso más grandioso cuando compites representando a tu ciudad, o más a tu país…¡Qué grande es el triunfo!
Sin embargo, las cosas que cuestan pero no proporcionan gloria, se nos hacen más difíciles. Por ejemplo, cuando en casa se nos dice que vayamos a misa, a clases de Biblia o al grupo juvenil y decimos, ¡Ay, mamá, papá! ¿Cómo quieres que vaya si hoy es el día que voy con mis amigos a jugar softball, o el día que salgo con mi novia al parque?
Cada práctica—llámese deporte, ayuda comunitaria, clase religiosa, tarea en la casa, trabajo de medio tiempo los fines de semana…todo esto y otras tareas, traerán un beneficio o triunfo al final. Cuanto más grande y entusiasta sea la entrega, más importante será la satisfacción que se siente.
Pero a veces decimos, ¿Por qué voy yo a clase de Biblia si el hijo del vecino no va y se le ve tan feliz? ¿Por qué voy a ayudar a la comunidad, si la vecina nunca ayuda y aun así se la ve bien? ¿Por qué trabajar los fines de semana, si mi primo no trabaja y trae el último modelo de celular?
Lo que hacemos no tiene beneficio material muchas veces, y a veces la gente a quien se ayuda no recompensa con nada, y no se recibe un cheque.
Pero miramos a Jesús, modelo para nuestra vida, que siempre sirvió. Si sirves con amor, verás que estarás mejor en tu interior. Te sentirás bien al hacer bien. Tendrás la mejor ayuda para la paz interior. La vocación de servir, el saber que puedes dar algo a tu comunidad o a tu semejante –incluso a aquella persona a quien no conoces, pero le brindas tu ayuda y apoyo—eso es lo que llena el corazón de satisfacción y enriquece el alma.
Un abrazo en Dios y que se llenen del Espíritu Santo.
Amén.
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