¿Culpa mía o de Dios?

¿Hasta qué punto somos responsables de nuestros actos y cuándo es Dios el responsable de lo que nos sucede? Es algo delicado de discernir.

Pero aunque suene absurdo, ¿cuántas veces culpamos a Dios de todo lo que nos sucede y hasta le reprochamos por todo lo que nos pasa?

¿Será que Dios es el culpable de que yo haya reprobado el examen, hayamos perdido el juego de pelota, o será que no nos hemos puesto a hacer lo que realmente nos toca?

Dios no te va a tomar de la mano y llevarte al entrenamiento, ni te abrirá el libro para que estudies para el examen.

Amigo: simplemente Dios nos da la libertad de elegir qué queremos hacer y la prueba está en la Biblia. Podemos recordar que al mismo Jesus le ofrecieron ser el rey del toda la tierra, lo tentaron diciendo que si tenía hambre convirtiera una piedra en pan y que se tirara al abismo. Total, su Padre enviaría una legión de ángeles a salvarlo. 

Las tentaciones debemos tenerlas como prueba de nuestra fe y por lo mismo, debemos de tener la fuerza de rechazarlas.

Dios no te manda dormirte tarde viendo la película de moda para que no llegues al otro día temprano al juego o que te vayas con la chica más hermosa de la escuela a tomar café, sabiendo que estás en época de exámenes y eso te afectará.

Dios no tiene la culpa. Dentro de la misma libertad que nos dio, nos regaló también la capacidad de decisión para así mismo tomar el camino adecuado y no dejarnos llevar por cosas que tal vez no sean malas, pero no adecuadas para ese momento.

Así que dejemos de culpar a Dios de decisiones que fueron nuestra responsabilidad, que aunque muchos digamos que nos lo mandó Él y que así lo quiso Él, tengamos en cuenta que también nos regaló la conciencia para saber realmente que algo estaba mal y aun así decidimos tomar ese camino.

Glorifiquemos el nombre de Dios haciendo lo adecuado en el momento que se requiere y no permitir que nuestra vida tenga altibajos por decisiones que de antemano sabemos que traerán consecuencias negativas a nuestras vidas.

No creo que Dios quiera que nuestra vida sea un fracaso. Quiere lo mejor para nosotros; no decidamos hacer lo contrario. Tal vez el nunca quiso que tomáramos esa decisión, ¡pero callamos nuestra conciencia para hacerlo!

Dios los bendiga y los llene del Espíritu Santo.
 

 
Oprimir CTRL para varias opciones

Síguenos en: