Cómo nos gustaría que esto fuera verdad ya, que lo pudiéramos ver con nuestros ojos. La justicia a veces no se ve tan clara y la paz, en nuestros tiempos parece un sueño muy lejano…
Pero tenemos la promesa. Y tenemos la seguridad de que Cristo ha venido, y viene, precisamente para esto: para que florezca la justicia. Como toda planta, la justicia necesita el agua de nuestra acción. Y la paz empieza en cada uno de los corazones.
¿Cómo riegas la justicia y cómo fomentas y siembras la paz en ti mismo?