Canto de “las Posadas”
Afuera
En nombre del cielo
Os pido posada
Pues no puede andar
Mi esposa amada.
Adentro
Aquí no es mesón
Sigan adelante
Yo no debo abrir
No sea algún tunante.
Afuera
No seas inhumano
Ténnos caridad
Que el Dios de los cielos
Te lo premiará.
Adentro
Ya se pueden ir
Y no molestar
Porque si me enfado
Os voy a apalear
Afuera
Venimos rendidos desde Nazaret
Yo soy carpintero,
De nombre José
Adentro
No me importa el nombre
Déjenme dormir
Pues que ya les digo
Que no hemos de abrir
Afuera
Posada te pide
Amado casero
Por sólo una noche
La Reina del cielo
Adentro
Pues si es una reina
Quien lo solicita
¿cómo es que de noche
Anda tan solita?
Afuera
Mi esposa es María
Y es reina del cielo
Y madre va a ser
Del divino Verbo
Adentro
¿Eres tú José?
¿Tu esposa es María?
Entren, peregrinos
No los conocía
Hoy, como hace tantos siglos, hay muchas personas que piden alojamiento y hospitalidad. Reflexionemos sobre las palabras y los acontecimientos de las Posadas y lo que tienen que decirnos a nuestra vida hoy.
En el primer verso se habla de una mujer que llega cansada y embarazada. Se pide por compasión que se le haga un sitio en la casa.
¿Quiénes son las Marías de hoy, las mujeres que no pueden caminar de tanto
cansancio?
¿Cómo tratamos a quienes necesitan un servicio de nosotros? ¿Cómo tratamos a las mujeres sin hogar, o a quienes tienen tentaciones de abortar a su hijo porque nadie quiere darles la mano?
¿Por qué es comprensible la actitud del posadero? ¿A quiénes no les tenemos
confianza hoy en nuestra sociedad?
¿Cuáles son los peligros que tendríamos hoy si abriéramos las puertas a quienes
llamaran?
Ante la insistencia de los peregrinos, el posadero se enoja y amenaza con
violencia. ¿Hay algo en nuestra sociedad que se dé gratis? ¿Esperamos alguna
vez sólo el premio de Dios y no el agradecimiento o la paga material a nuestros servicios?
¿Cómo crees que Dios recompensa las buenas acciones? En nuestra ciudad o
pueblo, ¿he visto casos de violencia contra extranjeros? ¿Cómo reacciono yo?
Los forasteros eran de otro lugar, de Galilea y para los judíos de su tiempo, Galilea
era un lugar de segunda clase. A nuestras ciudades siguen llegando muchos inmigrantes de diversos países. Quizá nosotros mismos acabemos de llegar.
¿Qué experiencia de recibimiento tuvimos nosotros por parte de los que ya estaban aquí? ¿A alguien le interesó cómo nos llamábamos o quiénes éramos? ¿Hemos vivido alguna vez la distinción entre diversos grupos, por ejemplo puertorriqueños y mexicanos, cubanos o nicaragüenses, o entre los que vivían aquí y los recién llegados? ¿Por qué se darán estas reacciones?
¿Qué nuevos grupos de personas están llegando a nuestras comunidades? ¿Cómo acojo yo a quienes recién llegan? ¿Me parece que los que son de otros países no son tan buenos como los de mi propio país? ¿Me intereso por ellos, por sus vidas y por su suerte? El posadero no cree que María sea reina porque los viajeros no tienen aspecto de ser ricos ni poderosos.
¿Alguna vez me han tratado como a menos por mi apariencia o mi raza?¿Me fío yo también más de las apariencias o de lo que tienen las personas que de lo que son? ¿A quiénes de nuestra casa o comunidad acogemos hoy con gusto?
¿A qué grupos de personas rechazamos? José podría haberse visto intimidado por el rechazo del posadero. Sin embargo, insiste hasta que consigue lo que necesita para su esposa. Para muchas personas en nuestro pueblo, es necesaria mucha perseverancia y esfuerzo para conseguir un modo de vida para sus familias y superar los problemas que agobian.
Cuando vemos a nuestro alrededor problemas e injusticias, podemos pensar en la actitud de José: no se dio por rendido, no se resignó a la situación. Buscó soluciones al problema al que se enfrentaba por amor a María y por responsabilidad.
¿Cómo me esfuerzo yo para lograr las cosas que necesito yo y mi familia? ¿Me rindo con facilidad, resignándome a las circunstancias? ¿Cómo trato yo a los que luchan para superar los problemas? ¿Por qué? ¿Reconozco en estas personas a María y a Jesús? ¿Cómo?
La historia de las Posadas termina bien, porque el posadero al fin reconoce a María y José. En el evangelio, sin embargo, se dice que María recostó a Jesús en una pesebrera, porque no había lugar para ellos en la posada.
¿Cómo terminaría mi historia? ¿Cómo reconozco a Jesús diariamente en las personas que se acercan a mí?
¿Alguna vez he experimentado la alegría del posadero de acoger a Jesús y a María?
¿Qué puedo hacer para que mi casa, mi comunidad y mi parroquia sean más hospitalarias?
Oración
Señor, te pedimos que en nuestro corazón haya posada siempre para el Cristo que pide alojamiento hoy. Que reconozcamos a Jesús en nuestros familiares y vecinos. Que lo reconozcamos también en los inmigrantes que llegan a nuestra ciudad, nuestro
barrio y nuestra parroquia. Que no hagamos distinciones de nacionalidades o de razas. Que nunca cerremos las puertas de nuestra casa y de nuestro corazón a quien necesite ayuda y cariño. Señor ven a nosotros y enséñanos a abrir siempre nuestro corazón a los demás.
Texto de: El Momento Católico, Cristo pide posada hoy, CP 428