Parece que los recaudadores de impuestos estaban muy mal vistos en tiempos de Jesús. Pero incluso ellos, se nos dice hoy, habían reconocido la voluntad de Dios. Es decir, no hay obstáculo ninguno al amor de Dios. Hay gente que piensa que no es digna de que Dios la reciba y la ame. Y es verdad: nadie es digno de eso. Y sin embargo, todos, por ser hijos de Dios, sin importar cómo sean, la importancia que tengan, y ni siquiera lo buenos o malos que sean, tienen esa enorme dignidad. A todos les está abierto el camino.
¿Piensas a veces que no te puedes acercar a Dios por algo que has hecho, o porque no eres como crees que deberías? ¿Has sentido que eres hijo o hija amada de Dios?