Juan de la Cruz sabía lo que era vivir en la escasez. Su padre había muerto cuando él era muy niño y tuvo que trabajar mucho para ayudar a su familia. Juan tenía una sensibilidad enorme para las cosas de Dios y cuando sintió la llamada a ser carmelita la siguió sin dudar. Con Teresa de Jesús reformó la Orden, que se había alejado de su fervor y compromiso. Tuvo que sufrir mucho, por la incomprensión y persecución de los más cercanos a él, y en ese sufrimiento, alcanzó una unión con Dios estrechísima. Escribió obras que se encuentran entre lo mejor de la literatura española de todos los tiempos.
¿Qué te apasiona? ¿Has descubierto el ardiente amor de Dios hacia ti?