El Adviento: el deseo de nuestro corazón

 

La espera del Adviento es la espera de los deseos de nuestros corazones. Es la espera ansiosa a las noticias del doctor sobre el resultado de una biopsia; es la espera angustiosa al veredicto de un juez sobre la inocencia o culpabilidad de un ser querido; es la espera enervante a que un jovencito llegue a casa en la noche; o que uno de nuestros hijos llegue a casa sano y salvo después de la escuela. Es la espera a que nos lleguen los papeles de inmigración antes de que la Migra decida deportarnos. Es la espera a que baje una fiebre o se nos pase una ligera depresión. Es la espera a que se nos apruebe el crédito para la hipoteca para adquirir nuestra casa, o a que nos den un trabajo o a pasar un examen importante. Es la espera a que la persona de quien nos hemos enamorado nos responda, la espera del amor incondicional por nuestros hijos, la espera de que se nos revele el amor del Señor.

El Adviento nos proporciona la oportunidad de examinarnuestros corazones y de saber que esos deseos se pueden satisfacer en Jesús. El salvador del mundo viene a salvarnos del rechazo y de la soledad. El Príncipe de la Paz nos protege de la ansiedad y calma nuestros espíritus intranquilos. El que perdona los pecados nos sana. Reflexione cada semana de este Adviento sobre los deseos más profundos de su corazón.

Primera Semana.
El deseo de ser apreciado y valorado
Los niños quieren llamar la atención para asegurarse del cariño de sus padres. Nosotros a menudo también queremos llamar la atención, incluso si no lo hacemos conscientemente.

Haga lo que tenga que hacer para llamar la atención de Dios. Invoque el nombre de Dios noche y día. Busque la ayuda de otros para que oren por sus necesidades. Dios premiará sus esfuerzos de modos inesperados.

Segunda Semana.
El deseo de liberarse de la ansiedad y los problemas
Deseamos resolver nuestros problemas, liberarnos de la ansiedad. Acepte su limitación y falta de control sobre una adicción o enfermedad, o el comportamiento de un hijo adulto. Presentamos nuestro deseo ante Dios, el único que tiene el control de todo.

A no ser que sepamos con certeza el resultado final de una situación angustiosa, nos vamos a preocupar. En sus momentos de ansiedad, recuerde confiar en que Dios busca su bien. Pida la fortaleza de llevar la espera con gracia.

Tercera Semana.
El deseo de sentirse limpios y  sin cargas
Deseamos sentirnos libres de culpa y pecado. Haga un acto de contrición e imagínese inmerso en agua y limpio de sus pecados. Aunque sólo necesitamos el bautismo una vez, podemos sentir cómo se lavan nuestros pecados cada vez que pedimos perdón.
Deseamos escaparnos de momentos difíciles y de las lecciones más duras de la vida.

¿Cómo suele reaccionar cuando recibe una difícil lección de vida? Considere la reacción de Zacarías uando, después de haber sido silenciado durante nueve meses por cuestionar el plan de Dios, las primeras palabras que salen de sus labios son de alabanza a Dios. Aprenda de su ejemplo.

La misericordia se concede a quienes viven en justicia, aunque la espera sea larga y llena de quebrantos. En su gran misterio, nuestra fe alcanza lo más profundo de nuestro dolor y lo más alto de nuestra alegría.

Cuarta Semana.
El deseo de dar y recibir
Ninguno de nosotros está nunca totalmente satisfecho. Siempre deseamos más. Pero los sabios saben que hasta que sus deseos no se arraiguen en su amor de Dios, nunca experimentarán la alegría y consuelo que puede dar esta vida. Examine sus propios deseos y pida un corazón puro.

Sabemos que la verdadera felicidad no está en el dinero o el poder, sino en vivir vidas de atención a los demás, entrega de uno mismo y justicia.
A veces deseamos cosas que están muy lejos y no apreciamos las que tenemos cerca. Respete y reverencie a los santos, pero recuerde que los que viven cerca de usted y son pobres, hambrientos, sin educación, o han sido maltratados, pisan suelo sagrado. Siempre recuerde su valor.

Como discípulos de Jesús, hemos recibido muchos dones que debemos ofrecer a los demás gratuitamente. ¿Cómo ha ayudado usted a otros a limpiarse de memorias dolorosas, o a perdonarse a sí mismos, o a otros, por las heridas e injusticias?
Todos deseamos recibir regalos en esta Navidad. El tiempo de Adviento nos anima a tener un espíritu generoso. Entregándonos aprendemos que nosotros también recibiremos lo necesario. Tener un corazón generoso nos lleva a tener un corazón esperanzado.

María llega hasta nosotros en nuestro momento de necesidad. Y su presencia anuncia la llegada del Señor, lo cual es el cumplimiento auténtico de lo que deseamos, esperamos, y anticipamos. Vivir en la presencia de Dios es el auténtico deseo de nuestro corazón.

 Texto tomado de: El Momento Católico, El Adviento: el deseo de nuestro corazón, CP 524

 
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