1. Estar en contacto con uno mismo.
El primer paso para encontrar a qué nos llama Dios es fijarse en la presencia de Dios a lo largo de la historia de nuestra vida. Dios nos creó con una personalidad y nos permite que vivamos una historia personal única.
Nuestra personalidad y nuestra historia personal forman parte de nuestra llamada. Por eso es importante que empecemos a ponernos en contacto con nosotros mismos, para poder conocernos mejor.
Hay muchos caminos que nos pueden ayudar a ponernos en contacto con nuestra historia personal. Los siguientes son algunas sugerencias:
a) Recuerdo experiencias, momentos en mi vida, desde la niñez hasta el momento presente, que me trajeron a donde estoy ahora. Simplemente las recuerdo y las escribo sin hacer ningún juicio o análisis de mí mismo o de mis experiencias. Después de escribirlas y leerlas para mí, intento hacerme consciente de qué pasa dentro de mí. Me pregunto cómo me siento en cuanto a mi historia personal.
b) Reflexiono acerca de las cosas, actividades o experiencias que me llenan de vida. Mis preferencias y aquello que no me gusta. Mis miedos y mis sueños, mis esperanzas y mis intereses, mis habilidades y mis limitaciones y mis necesidades. A medida que me hago consciente de ellas, las voy escribiendo.
c) Reflexiono acerca de mi manera de trabajar. ¿Cómo trabajo bajo el estrés? ¿A qué tipo de liderazgo respondo? ¿Cuánta organización quiero o necesito para mi vida?
d) Reflexiono acerca de mis relaciones. ¿Cómo me relaciono con mis padres? ¿Con mis hermanos? ¿Cómo reacciono en situaciones de conflicto en mis relaciones?
e) Intento ver cómo otros me ven a mí en distintas ocasiones y situaciones. Durante situaciones normales en el trabajo, durante situaciones de estrés y durante mi tiempo libre.
A medida que intento conocerme a mí mismo, le pido a Dios que me ayude a aceptar todo aquello que encuentre en mi historia personal. Recuerdo que Dios me quiere y me acepta incondicionalmente a pesar de mis debilidades y limitaciones. Puede que haya algunos aspectos y áreas de mí mismo que encuentro difíciles de aceptar y querer. El cambio sólo puede empezar cuando aprendo a aceptarme tal y como soy. El punto de partida es donde me encuentro ahora mismo.
Otra cosa que me puede ayudar es establecer una relación con un director espiritual o alguien en quien confío y que pueda ser objetivo conmigo. Recuerdo que debo mantener una actitud honesta y abierta con esta persona para que el conocimiento de mí mismo crezca.
2) Estar en contacto con Dios.
La mejor manera de estar en contacto con Dios es cultivando una vida de oración, no sólo en momentos de crisis, sino diariamente. La relación con Dios sigue los mismos principios que cualquier otra relación con una persona. Tengo que pasar tiempo con esa persona, escucharla, ser honesto con ella y esperarla. Ninguna relación entre personas puede funcionar si no hay una escucha mutua. Por lo tanto, tengo que aprender a escuchar a Dios cuando estoy orando y no solamente pedirle que escuche mis peticiones.
La oración es mi respuesta personal a la presencia de Dios. Dios está presente en mi historia de vida y también en las Escrituras. Mientras que rezo, intento conocer a Dios, que me quiere más que nadie.
La oración es una respuesta muy personal al amor de Dios. Soy único y por eso mi oración también va a ser única. Hay muchas formas de orar, y tengo que encontrar aquella que mejor exprese mi relación con Dios. Un director espiritual me puede ayudar para comenzar mi vida orante. ¿Cómo es mi relación con Dios?