Cambiar no es fácil. Piensa, por ejemplo, en lo complicado e incómodo que es cambiar de casa, o de país, o de escuela. Siempre hay mucha tensión y estrés asociados al cambio. A veces cambiar es mejor, porque estamos convencidos de que lo nuevo va a ser mucho mejor que lo anterior. Eso son los cambios externos, que traen sus complicaciones y estrés, pero que a veces son muy beneficiosos o incluso divertidos. Pero cambiar algo dentro de nosotros puede ser mucho más complicado. Cambiar la manera en que se trata a otros, por ejemplo, es difícil, porque ya hay costumbres muy arraigadas. O cambiar la manera en que usamos el dinero; o cambiar la manera en que estudiamos o trabajamos…
¿Por qué insistirá Jesús tanto en el cambio? Hay que cambiar, dice Juan, porque llega el reino de los cielos. Y el reino de los cielos no tiene nada que ver con las pocas o muchas comodidades materiales que tengamos. Ni tiene nada que ver con nuestro prestigio o fama. Ni con nuestros placeres. El reino más bien trata de mirar hacia fuera, a los demás y tratarlos con el respeto que merece su dignidad: es decir, verlos como hijos de Dios y por lo tanto, luchar por sus derechos, trabajar por la justicia, y vivir para servir.
¿Qué cambios piensas que deberías hacer en tu vida?