Un joven inglés del siglo XVI, Edmund tenía un futuro brillante y prometedor. Hablaba bien, era popular y era un líder nato. Pero tenía grandes dudas sobre su confesión anglicana, y cuando decidió hacerse católico y jesuita, atrajo la persecución. Ni halagos ni amenazas pudieron convencerle de que abandonara su fe. Al fin, lo ejecutaron. Antes de morir, perdonó al joven que lo había traicionado.
Las traiciones son algo muy difícil de perdonar, porque es una fractura en la confianza que había en una relación. Seguramente en tu vida has sido traicionado (aunque no haya sido tan grave como lo de Edmundo) alguna vez. ¿Pudiste perdonar? ¿Estás aún tratando de curar esa herida?