29 de noviembre – Reflexión del día

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Más una palabra tuya bastará para sanarme”. Mateo 8:7

Una persona tenía una grave enfermedad y se preguntaba por qué le habría pasado esto. Pero inmediatamente, se preguntó también, ¿Y por qué no a mí? Ni los problemas y dolores de la vida ni las gracias y la suerte se merecen. Todo es pura gratuidad de Dios. No somos dignos de estar ante Dios, ni somos dignos de su gracia. Pero también somos infinitamente dignos, porque estamos hechos a su imagen y semejanza. No se piden las cosas porque se merezcan ni porque seamos buenos, sino porque Dios es bueno. Dios no nos ama porque seamos buenos; podemos ser buenos porque Él nos ama.

¿Qué problema o necesidad tienes en este momento para lo que necesites la gracia, la fuerza y la presencia de Dios?

 

 
Oprimir CTRL para varias opciones

Síguenos en: