Jaime era persa y era favorito del rey. Cuando el rey empezó a perseguir a los cristianos, Jaime no tuvo el valor de confesar su fe, por miedo a perder la Amistad del rey. Su familia estaba desolada. Cuando murió el rey, le escribieron una larga carta animándolo a cambiar de actitud. Jaime se arrepintió de haber abandonado su fe y se alejó de la corte, para disgusto del nuevo rey, que lo mandó torturar y ejecutar.
Todos cometemos errores y a veces tenemos miedo de confesar nuestra fe. ¿Dónde encuentras tú el valor para hacerlo sin dejarte vencer por adulaciones o amenazas?