Una vocación dentro de una vocación

Por Guadalupe Rodríguez
 

La felicidad es encontrar la verdadera vocación en la vida. En el mundo de hoy la palabra vocación puede tomar muchos significados. Si estás en la escuela, puede querer decir un  plan de estudios que quieres emprender en la secundaria o universidad. En la iglesia usamos la palabra para identificar nuestra llamada a la santidad a través de la vida matrimonial, soltera o consagrada en un camino cristiano.

A veces puede haber incluso una vocación dentro de una vocación. Para mí y otros muchos en la iglesia el diaconado permanente nos ha traído una felicidad mayor de lo que hubiéramos podido imaginar. Es una vocación dentro de una vocación porque primero estamos llamados a ser buenos esposos y padres y luego el Señor nos llama a una relación incluso más profunda sirviendo a la iglesia mientras que cumplimos la primera vocación de esposos y padres.

Yo estaba orando ante el Santísimo Sacramento cuando escuché por primera vez la llamada al diaconado permanente en 2001. Esta llamada es diferente para cada persona. Algunos la oyen a través de otras personas, otros oyen al Señor llamándolos suavemente y otros, como yo, necesitan que algo les dé un golpe en la cabeza. Como regla general, la llamada nunca es una voz audible, sino una vocecita para los oídos del corazón.  Algunas personas la descubren gradualmente a lo largo del tiempo con mucha oración y dirección espiritual. Otros se quedan asombrados y admirados…cuando les habla el Señor. Yo caigo en la segunda categoría. Algunos luchan con el discernimiento hasta los últimos años de formación ya que nunca está muy claro para ellos. Muchos nunca escuchan la vocecita interior, pero “lo saben” como decía a menudo la Madre Teresa de Calcuta.

Cuando yo escuché la llamada en mi corazón, pensé que había estado orando ante el Santísimo demasiado tiempo y que estaba alucinando pensando que escuchaba cosas, así que salí confundido y admirado. Dos horas ante Jesús puede ser un tiempo muy largo…cuando estás trabajando para la policía hay muchas cosas por las que orar, incluyendo tu propia vida. Volví al día siguiente a la capilla de adoración perpetua y otra vez escuché la llamada. Esta vez supe con certeza que era el Señor. Pero salí preguntándome, “Y ahora, ¿qué hago?” A decir verdad, me daba vergüenza incluso mencionárselo a mi párroco. A pesar de mis inseguridades, me armé de valor para hablarle. Él me dijo: “Ya había pensado yo que quizá el Señor te llamara al diaconado…te recomendaré”.

El papel de un diácono depende del diácono y de la parroquia. Aquí en la catedral de Santa María en Austin, los deberes de los diáconos son celebrar bautismos, predicar, ofrecer funerales, servir en la misa dominical, bendecir objetos y hogares y convalidar matrimonios. Algunos diáconos ayudan más que otros pero a nadie se le pide que ponga por delante de las obligaciones laborales o familiares las de diácono. ¡La familia y el trabajo siempre van delante!

Para la reflexión

¿Alguna vez habías pensado en esta vocación como posibilidad? ¿Te asusta la responsabilidad o el tener que equilibrar varias obligaciones a la vez?  
 

 

 
Oprimir CTRL para varias opciones

Síguenos en: