¿Eres tú esta persona?

Por Carmen F. Aguinaco

En un foro de Catholic.net, Olinda, una joven hispana, afirma que ha elegido la soltería, no por accidente, ni por no tener más remedio, sino como su propia respuesta a la llamada de Dios. Dice Olinda: “Ser soltero no es tan malo. A veces nuestra soltería es muy buena. No todos han nacido para ser casados. No todos nacen para el matrimonio. Unos son llamados a la vida religiosa, otros están llamados al matrimonio, y otros estamos llamados a ser solteros felices porque así lo quiere Dios, y porque ese es nuestro propio camino a la santidad.”

Si esta afirmación de Olinda podría resultar provocativa y distinta para muchos, que no consideran la soltería como un posible camino elegido en la vida, lo incluso más sorprendente fue la respuesta de otros jóvenes. Algunos le presentaron preguntas, y otros afirmaron la opción como una auténtica vocación. Le dice Clemente, por ejemplo, “¿Pero no te has sentido sola?” Por supuesto, que en toda vocación se va a sentir de vez en cuando un cierto poso de soledad. Toda vocación conlleva la renuncia a algo para alcanzar otra cosa en la que Dios promete su presencia y toda la riqueza de su gracia.

Rocío, por otra parte, apoya a Olinda totalmente, pero se permite darle un consejo importante: “Para llegar al punto en donde aceptes tu vocación a la soltería, debes de pasar por todo un proceso que al final te llevará a la madurez. Le dice que tiene que relacionarse con otras personas, ver las posibilidades y al final, delante de Dios, como asegura que le ha pasado a la propia Rocío, darse cuenta de que el matrimonio o la vida religiosa no es su lugar. Hay que orar y aceptar la llamada de Dios, sin dejarse llevar por la sociedad que “todavía no tiene la madurez de aceptar la soltería como vocación de vida,” concluye Rocío.  Es decir, se trata de elegir la soltería más que verla impuesta por no encontrar a la pareja adecuada.

¿Qué significa, entonces, aceptar la soltería como vocación a la santidad en la vida? Significa, por un lado, aceptar una verdadera libertad que hace posible el amor. La libertad no tiene espacio para el egoísmo, porque entonces la persona quedaría aislada y encerrada en cosas que terminan, que no tienen relación con el amor de comunicación que es Dios.

Significa, también un fuerte compromiso con la vida y la sociedad, con el servicio a los más necesitados y enfermos. La soltería es una oportunidad de comprensión, solidaridad y encuentro con la gracia de Dios.

¿A qué renuncio?

Como en la vida religiosa o el sacerdocio, se renuncia al matrimonio, a tener una relación íntima con una persona concreta y a formar una familia propia. En cambio, se encuentra una familia amplia, casi ilimitada, a la que vas a estar unido de muchas maneras que enriquecerán tu persona y te harán encontrarte con tus propias riquezas interiores y tus posibilidades.

Como en la vocación del matrimonio, se renuncia también a una comunidad estable y a un ritmo de vida establecido y a la seguridad de un monasterio. Pero se tiene, en cambio, la comunidad de la nueva familia que se va construyendo.

Es una vocación difícil, pero llena de riquezas por descubrir. Es toda una aventura. ¿Te llama Dios a ser santo de esa manera?


Tu turno

¿Habías pensado alguna vez en la vida soltera como una posibilidad real de vocación, en lugar de simplemente una fatalidad de la vida?

 

 
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