Una monja francesa del siglo VII, Bertilla sintió desde muy joven la llamada de Dios y quería fundar o unirse a un monasterio. Sus padres la enviaron a un monasterio que seguía la regla de San Columbano. Cuando llegó, supo que había encontrado la paz. Fue abadesa de la comunidad y su monasterio creció mucho. Pero ella siempre supo que la verdadera fuerza venía de Dios y no de ella misma.
¿Dónde crees que Dios podría utilizarte mejor? ¿Estarías dispuesta?