Carlos era hijo de un conde italiano muy rico. No parecía que iba a tener éxito en la universidad porque parecía algo lento y no tenía dotes como orador. Sin embargo, destacó en sus estudios y cuando sólo tenía 23 años el Papa Pío IV le encomendó importantes responsabilidades. Se ordenó sacerdote y luego fue cardenal arzobispo de Milán, donde fue un modelo de compasión y servicio a los pobres. Cuando se declaró una epidemia en Milán, Carlos no pensó en otra cosa que en atender a los pobres y enfermos. Murió a los 46 años.
¿Piensas alguna vez que tus limitaciones te pueden impedir escuchar la llamada de Dios? ¿Qué crees que tendrías que superar hoy para mejor servir al Señor?