De la raíz al fruto

Por Sandy Ruby Huizar

Mi mamá siempre busca maneras de ayudar y está muy implicada en el trabajo de la parroquia de Santa Francisca de Roma, en Cicero, un suburbio de Chicago. Fue ella quien, desde mi niñez me enseñó que hay un Dios todopoderoso que es nuestro Padre, nos cuida y nos protege. Fue ella también quien me enseñó a rezar y a agradecer a Dios todo lo que me ha dado. Y fue por todo ese trabajo, que ahora tengo la oportunidad de trabajar en la parroquia como secretaria ayudante y por este trabajo, puedo convivir con otros católicos y estar en contacto con mucha gente de fe. Cada domingo asisto a misa con mi familia y disfruto de ser una joven católica.  

Mis padres, mis padrinos, los sacerdotes, los diáconos, y mis amigos también influyen en mi fe en una manera especial. Mis padres son los que me introdujeron a la religión católica y me han enseñado como vivir un estilo de vida como católica. Los sacerdotes, en especial mi párroco, el Padre Marcos y su coadjutor, el P. Sergio, me educan más sobre la religión Católica y me hacen reflexionar. Mis padrinos son un buen ejemplo para mí y los admiro porque son personas comprometidas que practican su fe. De una manera similar mis amigos también me influyen en mi fe porque creen en mí y me dan ánimo para superar cualquier obstáculo.

Yo siento que Dios está conmigo cuando escucho y oro para que Él me de luz. Siento  mi fe cuando me propongo metas y me esfuerzo en alcanzarlas. Yo quisiera ser maestra de preescolar o kindergarten y voy a comenzar mi preparación en la universidad de De paúl este otoño. Me gustaría alcanzar esta meta porque creo que Dios me llama a que, por medio de mis acciones y buenos ejemplos, influya en las acciones de los niños en una manera positiva para que sean buenos católicos. Me encantan los niños pequeños y sé que tengo la capacidad y la paciencia para esta posición.  

Yo pienso que muchos jóvenes de hoy necesitan proponerse metas y esforzarse por alcanzarlas. Creo que debe de ver una gran motivación individual. Los jóvenes deben tener una visión de lo que quiere Dios para ellos: que sean lo más que puedan ser;  que tienen un propósito que desean algún día llegar a alcanzar. Me alegra ver a los jóvenes que tienen buenas metas y a los que practican su fe; entre todos, cuando vamos a la iglesia, aprendemos sobre nuestra fe y nos enfocamos en lo positivo que dé buenos frutos para los demás, lograremos cambiar el mundo.  

Para la reflexión

¿Quién influyó más en tu vida de fe? ¿Qué modelos positivos encuentras a tu alrededor? ¿Cómo puedes tú ser un modelo para otros? ¿Dónde piensas que te está llamando Dios?

 

 
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