Zaqueo quería ser reconocido por alguien. Su trabajo como recaudador de impuestos no era precisamente del agrado de la gente. Cuando Jesús lo mira—es decir, reconoce su existencia—y le pide que baje y le dé de comer, le restituye una medida de dignidad y de humanidad que había perdido. Zaqueo baja deprisa y recibe con alegría a Jesús.
¿Cómo recibes tú la llamada de Jesús? ¿Respondes con prontitud y alegría?