Era un muchacho judío del siglo II, que vivía en Belén. Se convirtió siendo ya mayor. Estaba tan enamorado de su fe que decidió ser sacerdote. Después del martirio del papa, lo eligieron y aunque se resistió, porque pensaba que era indigno, lo coronaron Papa. Durante su reinado, el número de creyentes creció en gran manera. Pero al fin fue capturado. Los carceleros se maravillaron de ver la alegría en la cara del anciano, que se sentía privilegiado de sufrir y morir por Cristo.
¿Has sentido alguna vez que Dios cambiaba tu vida de maneras inesperadas?