El estar encorvado puede ser un símbolo de una opresión, que puede venir internamente de uno mismo (por un bajo autoconcepto) o del exterior, por negación de los derechos y la dignidad humana. Lo único que hace Jesús es tocar a la mujer, es decir, reconocerla como ser humano creado y redimido por Dios, como hija de Dios. Y la mujer se endereza, es decir, recupera su dignidad y su salud como ser humano. Es tan fácil como eso. Reconocer, en cualquier persona, cualquiera que sea su aspecto o su condición social, económica, o moral, un hijo o una hija de Dios. Y ese solo reconocimiento capacita para levantarse, enderezarse, empezar a alabar a Dios.
¿Hay alguien cerca de ti que, por su aspecto o condición, no inspire agrado o confianza? ¿Hay alguien a quien le puedas restituir su humanidad, simplemente reconociéndolo como hijo o hija de Dios?