No se preocupen por cómo tengan que defenderse o qué tengan que decir. El Espíritu Santo les enseñará lo que han de decir.
Cuando nos enfrentamos a una situación en que tenemos que decir la verdad con valentía, porque tememos que nos vayan a malinterpretar, o a rechazar, sentimos miedo de no saber decirlo. A veces porque podríamos tener demasiada imprudencia y hacerlo con violencia verbal, contraria a nuestro compromiso cristiano. O podríamos sentirnos intimidados y no decir todo lo que debemos. Muchos profetas sintieron estos mismos temores. Pero la promesa constante de Dios para quienes tienen que proclamar su Palabra y su verdad es que siempre estará con nosotros. Él mismo pondrá las palabras en nuestros labios. No es, en realidad, nuestra verdad la que proclamamos, ni nuestras propias palabras, sino la verdad de Dios y las palabras de Dios.
¿Te sientes a veces acobardado-a cuando sabes que tienes que decir algo, pero te asusta la persona o el grupo ante quienes debes decirlo?