14 de octubre - Reflexión del día

Dios pedirá cuentas a la gente de hoy de la sangre de todos los profetas.
Un signo profético no es una adivinanza del futuro, sino una proclamación de la voluntad de Dios y una afirmación de su justicia.

Jesús no ahorraba palabras cuando se trataba de defender la justicia y el derecho de los demás. Muy frecuentemente, el destino de los profetas es morir a manos precisamente de quienes más deberían escucharlos. Y a veces no será precisamente morir físicamente, pero sí morir esas mil muertes del desprecio, la alienación, la persecución, o el insulto.

¿Te atreves a proclamar la verdad, incluso cuando sabes que le resulta incómoda a muchos? ¿Cómo luchas por la justicia en tu escuela, barrio, trabajo o comunidad?
 

 
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