Por Mike Virgintino
Si de algún misionero se puede decir que haya abrazado plenamente la diversidad, ese es el Padre José Arámburu, de los Padres y Hermanos de Maryknoll. Desde que dejó su patria, Puerto Rico hace más de 30 años, el Padre Arámburu ha cruzado fronteras en tres continentes y ha compartido el evangelio en África, Asia y América Latina.
El Padre Arámburu, de 63 años de edad, en la actualidad vicario general de la Sociedad de Maryknoll, recibió su inspiración hacia el sacerdocio de sacerdotes capuchinos de Estados Unidos. A pesar de que desde que tenía 13 años sabía que quería ser sacerdote, a petición de sus padres puso sus sueños en espera mientras que obtenía más experiencia en la vida. Se graduó como ingeniero químico en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez y se unió a un equipo para estudiar los problemas de la contaminación ambiental.
Pero, cuando tenía 30 años, Arámburu se dio cuenta de que, si no seguía su vocación sacerdotal nunca tendría ya ocasión de cumplir su llamada a la misión. “No puedo separar la llamada a la misión de ser seguidor de Cristo”, dijo el Padre Arámburu. “Ser cristiano es ser mensajero del amor de Dios por toda la humanidad. Aunque en la iglesia católica a menudo le dejamos la misión a los misioneros, todos los católicos están obligados por el mandato que nos dio Cristo de ir y hacer discípulos en todos los pueblos y naciones”.
El Padre Arámburu se unió a la Sociedad de Maryknoll en 1978. Como seminarista, fue destinado a Tanzania a participar en un nuevo programa que combinaba el estudio con la experiencia pastoral. “Fuimos allí a aprender del pueblo,” dijo el sacerdote, “y no al revés. Tuvimos cuatro semestres de clases con maestros de Maryknoll y maestros locales”.
Ordenado en 1984, el Padre Arámburu sirvió al pueblo Aymara de Perú en un momento en que las guerrillas de Sendero Luminoso estaban atacando al gobierno y amenazando a los pobres. “Los tanzanos no se sentían oprimidos,” recordaba el Padre Arámburu, “pero los peruanos sabían que estaban siendo oprimidos por el gobierno y por la clase dominante”.
Después de servir a los pobres en Perú por siete años, se le pidió al Padre Arámburu que regresara a Estados Unidos a ayudar a los miembros de Maryknoll que se enfrentaban a luchas vocacionales y preocupaciones de salud. Durante este tiempo, recibió una Maestría en Trabajo Social de la Universidad Fordham de Nueva York.
Como vicario general de Maryknoll, el Padre Arámburu ha llegado a apreciar mucho la visión de los cofundadores de la Sociedad y se maravilla de ver que, en sólo 100 años, Estados Unidos ha pasado de ser considerado territorio de misión a proporcionar misioneros para servir por todo el mundo.
¿Cómo te ves relacionándote con personas de diversas culturas? ¿Has sentido alguna vez la llamada al sacerdocio y la misión, pero lo has dejado a un lado, pensando que quizá se pasara? ¿Lo has olvidado o ha regresado? ¿Qué vas a hacer?