La fe une a todos

Por Carmen F. Aguinaco

Cuando fue a una secundaria de clase media en un barrio distinto al suyo, Emilia, una joven hispana de familia modesta,  se encontró por primera vez con la discriminación. El ser diferente la hizo sentirse incómoda y un poco amenazada. Quizá incluso poco aceptada.

La reacción de desconfianza ante lo distinto es casi instintiva. Quizás en la parroquia donde vayas todos sean más o menos del mismo lugar. Pero en la universidad, en el trabajo, en todas partes en esta sociedad, vas a encontrar a personas que tienen una enorme diversidad de orígenes. Se encuentran personas de origen europeo, africano, asiático y nativo americano, así como latinos. Las expresiones, la comida, la música, y el sentido de familia o comunidad pueden ser muy distintos.

En la iglesia católica ocurre igual. Y esta variedad puede causar el temor, la desconfianza y el desconcierto que sentía Emilia. Y sin embargo, como dice Armando Cervantes, el coordinador de jóvenes de la diócesis de Orange County, California, “Cuando miramos dentro con honradez, vemos que todos tenemos pasión por las mismas cosas: por la justicia, por la paz, por la educación para nuestro pueblo, por nuestras familias”. Si pudiéramos unirnos en esas cosas en las que encontramos un suelo común, podríamos caminar con más fuerza. Y sobre todo, más católicamente, ya que la iglesia, por definición, abarca a todos.

El año pasado los obispos americanos organizaron una gran convocatoria en la que reunieron a las distintas “familias” étnicas dentro de la Iglesia. Fueron unos días de diálogo, de descubrir que los intereses, las preocupaciones y los obstáculos de las distintas familias se parecen mucho. Y sobre todo, la fe une todo.  En la fiesta del último día, cada grupo bailaba con sus propios movimientos, pero la música era común para todos. Y esa era la imagen mejor de la realidad de nuestra unidad en la diversidad.

Como dijo el Papa Benedicto XVI en su homilía en Washington en 2008, “Doscientos años más tarde, la iglesia en América puede con verdad alabar los logros de las generaciones anteriores al reunir distintos grupos inmigrantes dentro de la unidad de la fe católica y en un compromiso común de extender el evangelio. Al mismo tiempo, consciente de su rica diversidad, la comunidad católica de este país ha llegado a apreciar más plenamente la importancia de cada individuo y grupo que ofrece sus dones particulares a todo el cuerpo. La iglesia en Estados Unidos está ahora llamada a mirar al futuro, firmemente asentada en la fe transmitida por las generaciones anteriores y dispuesta a enfrentarse a nuevos desafíos—desafíos que no son menos exigentes que a los que se enfrentaron sus antepasados—con la esperanza que nace del amor de Dios, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”.

No es que vaya a ser fácil, pero el encontrarnos en nuestras historias, el escuchar la experiencia y la sabiduría de los demás puede darnos agradables sorpresas al comprender también nuestra profunda unidad.

Para la reflexión

¿Has tenido experiencias de discriminación? ¿Alguna vez te has encontrado rechazando a alguien incluso si solo era internamente? ¿Conoces a personas de otras culturas y tradiciones? ¿Qué has aprendido de ellas? ¿Crees que Dios te llama a vivir en comunidad con personas de distintas culturas y costumbres?

 
Oprimir CTRL para varias opciones

Síguenos en: