Gerardo era de una familia rica, pero siempre fue sencillo asequible para otros. Un día se dio cuenta de la alegría que producía orar, estar cerca de Dios y en diálogo con él. Decidió entonces dedicar toda su vida a esto y se hizo monje. Abrió un monasterio en la propiedad de su familia en Brogne, Francia. Era un buen lugar, pero a Gerardo le parecía que tenía demasiada actividad, así que se hizo una ermita donde vivía en silencio. Pero sus superiores lo enviaron a visitar otros monasterios y ayudar a otros monjes que quizá estaban desviándose de su regla. Hizo esto durante 20 años, animando a los monjes a regresar al fervor y murió en el año 959.
¿Alguna vez has sentido una gran alegría en la oración? ¿Le dedicas tiempo cada día? ¿Qué es para ti orar?