La importancia a menudo se mide por el cargo que se ocupa, el dinero que se gana, o la fuerza de la personalidad. Y sin embargo, Jesús nos dice una y otra vez que él prefiere lo más sencillo y lo más pequeño. Y así va eligiendo a personas que, a los ojos del mundo, podrían parecer incluso “defectuosas”. No se detiene ante la aparente falta de inteligencia, la pobreza, o la debilidad. Elige a quien quiere, y como quiere.
¿Te sorprendería ser escogido-a por Dios para una gran obra? ¿Te parecería que ha habido un error?