La alegría es posible

Por Emily Molinaro

Cuando Maddie Sellers se enteró de que la Misión de las vacaciones de primavera de la pastoral católica universitaria sería en Jamaica, al principio se sintió escéptica. “No estaba segura de tener la motivación y los medios de hacerlo posible” dijo Sellers, presidente del Consejo Estudiantil. “Hasta que me enteré de que el viaje lo estaba dirigiendo el P. Tom McGann, C.M.F.”

La Pastoral Universitaria Católica se considera como el lugar de formación primordial de futuros  líderes de la iglesia. Según Sellers, el viaje de misión a Jamaica se logró gracias a la experiencia anterior del P. McGann en la isla. “El P. McGann había sido párroco en Kingston por muchos años y tenía conexiones que hicieron posible el viaje”.

Al principio Sellers se sintió abrumada, especialmente cuando pensaba en el coste de tal misión, pero con el tiempo descubrió que el viaje era posible. Los Franciscanos dieron hospitalidad al grupo en su monasterio en Kingston.

“El monasterio donde estuvimos era un paraíso. No sólo por su belleza, sino por su tranquilidad. No había nada que me recordara las prisas de la vida en la universidad. No había trabajos de literatura, ni laboratorios de química, fechas límites, presión para producir”, comentó Cody Moore, del primer año de la universidad. “Cuando todas las distracciones se fueron, fue más fácil reconocer mi propósito en la vida de amar a los demás¨.

Entre los puntos importantes del viaje fue la visita y el trabajo en el Pozo de Jacob. El Pozo de Jacob es un lugar gestionado por los Misioneros de los Pobres, que trabajan con los pobres y discapacitados mentales. Allí los estudiantes ayudaban con cualquier cosa que necesitaran los hermanos, incluyendo limpiar el edificio y ayudar a los pobres con cosas como lavarse el pelo o cortarse las uñas. “Eso fue una de mis experiencias favoritas. Tuvimos ocasión de vernos en distintas situaciones. No siempre vemos a los demás hacer ministerio de esta manera”, añadió Sellers.

“Mi fe creció al ver al amor de las personas en situaciones difíciles y de ver a los hermanos trabajar cada día con enfermos mentales”, dijo Matthew Dawson, un estudiante de CCM.

A Sellers el viaje la condujo a dos conclusiones: “Me di cuenta de lo diversa y bella que es la Iglesia Católica. Pude ver a la iglesia en acción en un país totalmente distinto”, dijo Sellers. “Pudimos relacionarnos con dos grupos religiosos distintos. Ambos tenían distintas misiones, pero ambos estaban unidos. No importa dónde estés en el mundo, la iglesia se puede vivir de distintas maneras, pero estamos unidos en Cristo. Todo lo que vivimos me recordó la diversidad de la iglesia católica, incluso cuando fuimos a los cultos del Miércoles de Ceniza”.

El segundo descubrimiento fue la alegría que viene de trabajar con otros y de servir a los demás. “La gente con la que trabajamos nos dio una lección sobre la felicidad y de dónde viene,” dijo. “A veces es necesario ir a un lugar donde la realidad es una pobreza y ver que la alegría es aún posible”.

Para la reflexión

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