Por Elisabeth Román
Cuando recibió una invitación de su amigo y mentor P. Philippe Thomas a visitar una aldea francesa al Norte de París, Jean Vanier, hijo de una familia canadiense acomodada no tenía ni idea de que iba a cambiar su visa y la de otros. El P. Thomas, capellán de una institución que albergaba a hombres con discapacidad mental, también invitó a Vanier a visitar el hospital psiquiátrico de la aldea.
Conmovido por las condiciones infrahumanas del hospital psiquiátrico, Vanier alquiló una
casita e invitó a dos hombre discapacitados, Raphael y Philippe a dejar el hospital y a compartir sus vidas con él en la nueva casa. Juntos el extraño trío formó una comunidad y puso a su casa el nombre del L´Arche, que significa el Arca, como símbolo de que estaban en la misma barca. Vanier, que ahora tiene 84 años, todavía vive ahí.
De esa primera comunidad, nacida en la aleda francesa y en la tradición católica, han surgido muchas otras comunidades en diversas tradiciones culturales y religiosas. Hoy día las comunidades L´Arche, en las que conviven y oran personas creyentes junto con adultos discapacitados mentalmente, se han convertido en una comunidad global con hogares en 40 países.
En Estados Unidos la primera comunidad L´Arche fue fundada en Erie, Pennsylvania, en 1972. Ahora L´Arche USA inclusy 16 comunidades establecidas y varias en proceso de iniciarse. Las comunidades de USA tienen una relación de solidaridad e intercambio de recursos con las del Caribe y América Latina.
En L´Arche, las personas con discapacidades mentales se llaman “miembros del núcleo” y quienes vienen a compartir su vida con ellos son “ayudantes”. Los ayudantes, pagados, comparten las actividades diarias de los miembros del núcleo. Su misión es construir una relación de cuidado y apoyo mutuo con personas con discapacidades; promover una vida de hogar de unidad, respeto mutuo y participación de todos los miembros; y proporcionar cuidado y construcción de capacidades que incluyen las necesidades de cuidados personales, gestión de dinero, cuidados médicos, citas, conexiones familiares y de trabajo, tareas domésticas, medicamentos, preparación de comidas y transporte.
“Cocinamos y comemos juntos; tenemos bailes y viajamos juntos. Se trata de compartir nuestras vidas, no de poner a alguien a mirar por una ventana. En la actualidad tenemos 265 miembros del núcleo en Estados Unidos. Cada uno de nuestros hogares tiene sólo 4 ó cinco miembros y damos la bienvenida a quienes vivirán en las comunidades para siempre. Esto es su hogar”, explicó Ann Hutto, directora de desarrollo y comunicaciones para L´Arche, USA. “Cuando se comienza una comunidad se acoge a los discapacitados intelectualmente a una nueva vida, donde se quedarán hasta que mueran”.
Más de 5,000 jóvenes adultos han compartido sus vidas con adultos descapacitados en los hogares de USA. Hutto dice que algunos han llegado a través de AmeriCorps, el Voluntariado Jesuita y Pastoral Universitaria. Muchos jóvenes también solicitan participar en línea en www.larcheusa.org.
Mientras que muchos jóvenes se quedan uno o dos años, algunos han visto aquí una llamada y se quedan para siempre. “Tratamos de que algunos jóvenes imaginen esto como una vocación para toda la vida; ayudarlos a sentirse realizados profesional y espiritualmente y a quedarse tanto tiempo como quieran. Este trabajo da una alegría que cambia la vida. Estamos sirviendo a la gente y enriqueciendo nuestro espíritu. Es una relación de provecho mutuo”.
¿Te asustaría la posibilidad de entrar en contacto con personas discapacitadas? ¿Qué podrías ofrecer? ¿Qué crees que podrías aprender de la experiencia?