¿Te vas a quedar parado?

Por Elisabeth Román

A veces parece que vivimos en una cultura totalmente enfrascada en su individualismo—mis derechos, mi felicidad, mi futuro…Apenas conocemos a nuestros vecinos o a la gente que comparte la banca en la misa del domingo. A menudo nos vemos aislados en nuestras pequeñas comunidades, mientras que el contacto personal se sustituye por las redes sociales y los teléfonos. A pesar de esto, en algún momento de nuestras vidas entramos en contacto o nos involucramos en una organización comunitaria que promueve temas sociales que nos tocan personalmente o tienen impacto en los valores en los que creemos.

Son normalmente organizaciones sin afán de lucro y se centran en asuntos comunitarios, como la vivienda, salud, inmigración, educación, trabajo, ayuda a los pobres y enfermos, derechos humanos y política, entre una serie inacabable de necesidades sociales. Buscan conseguir el cambio social, una mayor participación para los grupos a los que representan, capacitar a las comunidades e influenciar en la política pública.

Los primeros cristianos entendían que había fuerza en la unión y se organizaron como comunidad, compartiendo recursos y ayudando a cubrir las necesidades de su gente. Los Hechos de los Apóstoles dice que “Todos los fieles vivían juntos y ponían todo en común. Vendían sus propiedades y distribuían la ganancia entre todos, según las necesidades. Todos los días se reunían en el templo; partían el pan en sus casas; compartían su comida con gran sencillez de corazón; alababan a Dios y ganaban el favor del pueblo. Y todos los días el Señor añadía los que se salvaban” (Hechos 2:42-47).

Por décadas la comunidad hispana ha estado creando y participando en organizaciones cívicas con el objetivo de conseguir igualdad y justicia para la comunidad, manteniendo, dentro de lo posible, la cultura e identidad. Es una manera de unirnos en nuestra debilidad mientras alcanzamos fuerza en nuestros números.

Entre las organizaciones más reconocidas y antiguas de la comunidad hispana está la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC). Establecida en 1929 para capacitar a sus miembros a crear y desarrollar oportunidades donde se necesitan más, LULAC ha trabajado para que exista acceso pleno al proceso político y oportunidades educativas para todos los hispanos. Los programas de LULAC incluyen participación cívica, capacitación económica, derechos civiles, educación, inmigración, salud, vivienda, servicio público, jóvenes y jóvenes adultos. LULAC también tiene seminarios y symposia sobre temas de lengua e inmigración.

Otra fuerza cívica es el Consejo Nacional de la Raza (NCLR) que se centra en actividades de defensa a nivel local y estatal a través de sus iniciativas. En coherencia con su misión de mejorar las oportunidades y abrir puertas para los hispanos, NCLR considera que la defensa, la participación cívica y el apoyo comunitario son partes indispensables de cualquier estrategia de capacitación comunitaria. Los programas de NCLR incluyen participación cívica, desarrollo del liderazgo y campañas nacionales. También trabaja para fortalecer organizaciones comunitarias en áreas donde existe una población latina creciente a través de un proyecto llamado Iniciativa de Comunidades Latinas Emergentes.

Como LULAC y el NCLR, existen cientos de organizaciones que tratan de capacitar a los latinos en Estados Unidos. Además, la comunidad católica, como lo hacía en los primeros tiempos del cristianismo también ofrece ayuda y apoyo a las comunidades. A través de la iglesia, los jóvenes pueden participar en organizaciones que apoyan las necesidades de su parroquia o diócesis. Pueden proporcionar asistencia, liderazgo y recursos y comunicar las necesidades de la comunidad a los demás, así como colaborar con obispos, sacerdotes y líderes comunitarios.

Para la reflexión

¿Conoces alguna organización comunitaria en la que puedas colaborar y participar? ¿Te sientes llamado a ello? ¿Qué valor le ves?

 
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