Aceptar la misión de ser madre de Jesús suponía aceptar muchas dificultades y dolores. María en verdad sufrió muchísimo al ver a su Hijo perseguido, torturado y crucificado. Su figura es un ejemplo de fortaleza para nosotros.
Cuando nos encontremos sin fuerza y en medio de muchos dolores, acudamos a María para que ella nos dé fuerza y paz.