En cierta ocasión, un nieto pequeño del rabino Baruch estaba jugando al escondite con su amigo. Encontró un buen escondite y se agazapó a esperar a que su amigo le buscara y le descubriera. Y agazapado estuvo tiempo y tiempo. Pero el amigo no aparecía por ninguna esquina. Después de mucho tiempo salió del escondite.
Fue entonces cuando cayó en cuenta de que su amigo no se había molestado en empezar a buscarlo. Llorando fue corriendo y se lo contó a su abuelo. El rabino le respondió: Mira, hijo, también Dios dice lo mismo: Estoy escondido y nadie se molesta en buscarme.
Martin Buber
Para compartir