Victoria, tú reinarás. Oh cruz, tú nos salvarás.
Existen en algunos museos unas cruces medievales con piedras preciosas incrustadas. Son reliquias de un pasado que algunos criticarían por parecerles contrario a la humildad e incluso al horror de la cruz. Pero el convertir a la cruz en un objeto precioso quizá tenga el sentido de reconocer que, a pesar del suplicio, la vergüenza y el horror que significaba en tiempos de Jesús, la cruz es el tesoro más valioso que tenemos los cristianos. Y, al seguir a Jesús, al abrazar el dolor que salva y representa el bien para los demás, reconocemos que es la cruz, precisamente, lo que nos da una vida verdadera.
¿Qué valor le das a tu crucifijo? ¿Reconoces en la cruz de Cristo la única vida que de verdad nos puede dar la felicidad, es decir, nuestro tesoro más valioso?