A veces hay gente que habla tan bien, que uno se pasaría la vida escuchándole. Algo así es la historia de San Juan Crisóstomo, un santo del siglo IV. Crisóstomo quiere decir, en realidad, “boca de oro”. Habló mucho, bien, y sin miedo. Su valentía en predicar la moral del evangelio, en defender a los pobres y contra la insolencia e injusticia de los ricos, le valió la enemistad de muchos, y sobre todo de la emperatriz Eudoxia, que lo desterró.
¿Cómo son tus conversaciones? ¿Te atreves a defender las cosas en las que crees? ¿Te preparas con cuidado para hablar ante quienes debes y como debes, con prudencia, pero con valentía?