Así que piensas que Dios te llama…pero tienes miedo. ¿Por qué?


El miedo es un elemento normal en el proceso de discernimiento y no es malo. Sin embargo, hay que saber lidiar con los temores. San Ignacio ofrece estos consejos en sus Ejercicios Espirituales:

“Cuando tratamos de vivir una buena vida y buscamos la voluntad de Dios, el espíritu del mal nos propone toda clase de problemas y dificultades para hacerlo. Trata de suscitar en nosotros una falsa tristeza por cosas que van a extrañarse, tratará de instigar nerviosismo sobre cómo perseveraremos cuando somos débiles, y sugerirá innumerables obstáculos. El mal espíritu utiliza desánimo y decepción para impedirnos crecer en la vida de Cristo…El mal espíritu sutilmente suscitará insatisfacción con nuestros propios esfuerzos, hará surgir dudas y ansiedades sobre el amor de Dios y nuestra respuesta…

Sin embargo, el buen espíritu fortalece y anima, consuela e inspira, establece paz y a veces nos mueve a una firme decisión. Llevar una buena vida da deleite y alegría y ningún obstáculo nos parece tan formidable que no lo podamos superar con la gracia de Dios…el buen espíritu así continúa el progreso de una buena persona en responder a la constante invitación de Dios…”

Pero no siempre viene el temor del mal espíritu…¿Cómo distinguimos entre los temores, dudas y preguntas que son insanas y vienen del mal espíritu y las que no?

Podemos preguntarnos:

  • ¿me está llamando Dios a la vida religiosa?
  • ¿me está llamando a una vida de celibato, pobreza y obediencia?
  • ¿O refleja mejor mi llamada mi fuerte deseo por crear una familia?
  • ¿podría ser feliz de verdad siendo célibe?

Estas preguntas, que son válidas, pueden suscitar temores y dejarnos cada vez más confundidos. ¿Cómo podremos saber?

San Ignacio dice que tenemos que mirar a nuestro interior y ver si el hacer esas preguntas nos lleva a deseos más profundos. Sin embargo, si el hacernos estas preguntas cada vez nos deja más tristes, confundidos, nerviosos y paralizados, es que no son del espíritu bueno.

Algunos ejemplos que pueden ayudar:

Digamos que la persona en discernimiento ha sentido alegría y consuelo durante bastante tiempo pero que, al acercarse a tomar una decisión vocacional, sufre el tipo de resistencia que lo deja lleno de dudas, temores, tristeza y confusión que no lleva a ninguna parte. En ese caso, el mal espíritu está funcionando. Si, por otra parte, lo que siente es que esos sentimientos lo llevan a lidiar con otras preguntas o asuntos más profundos, el espíritu bueno es la fuente.

Así que si nos sentimos desesperadamente atorados en confusión, duda, temor y tristeza después de haber estado alegres al contemplar una decisión, esos temores no son del buen espíritu, porque nadie nos aconsejaría seguir nuestros temores. Si, por otra parte, al mirar esos temores nos vemos llamados a lidiar con asuntos sin resolver, entonces está bien.

¿Qué hay que hacer en un caso o en otro?

  • Orar diariamente
  • Buscar dirección espiritual
     
 
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