Nos importas

Por el equipo del Movimiento Socieducativo de la Institución Teresiana

Todos los sábados por la mañana, un grupo de profesores amigos nos levantamos temprano y vamos a la cárcel. Por mucho tiempo había sido un sueño acariciado, considerado, pensado y orado durante largas sesiones del grupo en el que convivimos, oramos, y reflexionamos juntos.

No es fácil entrar en la prisión sin cometer crímenes. Tuvimos que llenar papeles, reunirnos mil veces con las personas encargadas de programas de rehabilitación, conversar con los encargados del ministerio de prisiones de la Arquidiócesis de Miami, pensar, planificar, prepararnos y dominar los temores que algunos de nosotros sentíamos. Pero sabíamos que teníamos que ir. Nadie más lo estaba haciendo y podría ser que fuéramos la única presencia de Cristo que estas mujeres tuvieran oportunidad de ver.

Foto: El equipo está constituido por Liliana Ponce, Ester Alcocer, Pedro Alcocer, Mirta Mesa, Inés Fajardo y Toni Miranda

La primera vez que fuimos nos sorprendió encontrarnos con una población muy joven. La mayoría de las mujeres están entre los 20 y 30 años. Vienen de todas partes de América Latina. Algunas han terminado la secundaria, otras muchas habían abandonado la escuela. Pronto, nuestras visitas de los sábados se convirtieron en la actividad más esperada de la semana. Ellas aprenden, pero quizá lo más importante es el deseo despertado de mejorar sus circunstancias. Nuestra presencia les da a quienes se han visto separadas de sus familias y quizás abandonadas, un mensaje sencillo, pero importante: “Nos importas”. Nos importas lo suficiente como para dedicarte tiempo, para escucharte y para estar.  Hemos visto a muchas crecer y madurar, desde la ansiedad del primer momento de verse en la cárcel hasta el sueño de lograr un futuro mejor. Algunas ya han regresado a sus casas. Otras han ido a otra prisión a cumplir su condena. Otras, tristemente, han sido deportadas, dejando atrás hijos y seres queridos.

Es posible que el proyecto esté ayudando y haya ayudado a muchas mujeres, pero quizá lo más importante para nosotros ha sido la riqueza que nos ha aportado esta experiencia. Hemos reflexionado, en primer lugar, sobre la dignidad humana de estas mujeres que, por razones diversas se han visto en estas circunstancias.  Su encarcelamiento se agrava por las dificultades de comunicación que encuentran muchas que no saben inglés y no pueden, por lo tanto, comunicarse con los empleados de vigilancia, los médicos, o sus compañeras. Al salir de la prisión tienen que enfrentarse al hecho de que son ciudadanas de segunda por ser ex reclusas y por no saber inglés, lo cual les dificulta la inclusión en el mercado laboral. Necesitan educación, sí, pero sobre todo, necesitan una mano amiga que les dé fortaleza en esos momentos de separación y exclusión y que les ayude a fortalecer su identidad como personas.

Con recursos mínimos, nuestro equipo trata de llevar a cabo esta labor educativa con clases de inglés como segunda lengua, lectura y escritura en español, matemáticas. Hay muchas dificultades, un proceso burocrático lento, y el esfuerzo de superar el estrés de toda la semana y dedicar el sábado a esto. Somos pocos y la necesidad es mucha, pero para muchas de estas mujeres, representamos la única luz, al no haber otro programa parecido. Los miembros de este equipo del Movimiento Socioeducativo sabemos bien la necesidad de esta transformación. Nos importan, y mucho, estas mujeres.

Para la reflexión

¿Te asustan las dificultades que pueda entrañar un proyecto de voluntariado en un ambiente duro, como el de la cárcel? ¿Cómo crees que podrías contribuir a algo así?




 

 
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