Hay gente que no soporta que otros hagan algo bien. Y entonces, esa envidia, les lleva a atacar a los demás, a buscar razones con las que justificar la propia irritación. La envidia siempre refleja algo de inseguridad. Como no estamos a gusto con nosotros mismos, no podemos reconocer lo bueno de los demás. Eso sólo lleva a la amargura. Si los maestros de la ley y los fariseos estuvieran contentos haciendo el bien, no tendrían por qué molestarse con el bien que hace Jesús. Pero la bondad les da en rostro.
¿Alguna vez sientes resquemor y una cierta amargura al ver que otras personas hacen las cosas mejor que tú? ¿Cómo lidias con eso…atacando o tratando de reconocer las buenas cualidades que tú mismo tienes?